La agenda de educación en Argentina (y América Latina) de ahora al 2030

Este artículo fue escrito por Juan Carlos Tedesco, académico y antiguo Ministro de Educación en Argentina

El punto de partida para cualquier reflexión sobre la futura agenda debe ser reconocer tanto las limitaciones como los logros de las políticas educativas que han sido implementadas durante la última década, específicamente en Argentina, pero también en muchos otros países en la región. Actualmente existe un nuevo marco que garantiza el derecho a la educación y la provisión de recursos financieros. Sin embargo, la experiencia de la última década aporta dos lecciones fundamentales: (i) dedicar el 6% del Producto Interno Bruto a la educación no es suficiente para lograr los objetivos acelerados que fueron establecidas por éste marco legal; y (ii) el aumento de los recursos financieros que se asignan a la educación no se traduce automáticamente en mejoras en la calidad e igualdad en la práctica.

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Estudiantes de una clase en una escuela primaria que se encuentra en una de las zonas más pobres de Antofagasta. Antofagasta tiene el PIB per cápita más elevado de Chile pero también es una de las ciudades donde es más caro vivir. Copyright: UNESCO/Hugo Infante

Para contribuir a un progreso en la calidad e igualdad a través de un aumento del financiamiento, se necesitan cambios en los patrones institucionales y culturales que regulan el sistema educativo. Ambas dimensiones (cultural e institucional) están relacionadas estrechamente, y centran la discusión sobre los desafíos de introducir niveles más elevados de rendición de cuentas sobre los resultados de la administración educativa.

Muchos funcionarios públicos consideran que esta responsabilidad por los resultados aumenta con mejores sistemas de evaluación. Así, el consejo habitual es medir los resultados de los estudiantes y promover la evaluación de los docentes. Sin embargo, experiencias tanto nacionales como internacionales nos muestran que el medir per se no necesariamente mejora la calidad. Una mayor calidad así como una mayor rendición de cuentas requiere, además de financiamiento e instrumentos de medición, un  debate sobre el qué, quién y cómo de la enseñanza. En otras palabras, esto significa poner los procesos de enseñanza y aprendizaje en el centro de la agenda.   

¿Qué se enseña?

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Terezinha dando clases en una favela en Rio de Janeiro, Brasil. Foto: Eduardo Martino

No pretendo abordar la complejidad del debate sobre los contenidos de los diferentes niveles de educación en este pequeño espacio. Tan sólo resaltaré la importancia de priorizar la enseñanza y el aprendizaje de la alfabetización básica en nuestra sociedad; dos objetivos que surgieron como prioridades principales dentro de las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible que fue aprobada en Septiembre pasado. Es indispensable que los estudiantes terminen la enseñanza obligatoria y que dominen los códigos de lectura y escritura. Esto implica una comprensión de textos y de la escritura. Esto no debería limitarse a nuestro primer idioma (español); todos nuestros estudiantes también deben poder hablar bien un segundo idioma, tal y como lo indica la ley.

Uno puede hablar de aprender a leer y a escribir, pero hoy en día esto no basta. También es esencial adquirir habilidades de alfabetización digital y científica. La primera implica aprender no sólo los aspectos mecánicos de la computación si no también los criterios sobre los cuales se basa cada motor de búsqueda, sus posibilidades y riesgos. El segundo presupone la capacidad de manejar información y usar un razonamiento científico, lo cual le permite a uno practicar una ciudadanía reflexiva.

Para que estos elementos reciban la prioridad que requieren, no basta modificar el diseño de los planes de estudio. La experiencia argentina durante las últimas décadas nos muestra que los diseños de los planes de estudio tan sólo llegan “hasta la puerta de la escuela”. Al interior de las escuelas, nada ha cambiado. El comparar los cuadernos de los estudiantes de hace veinte o treinta años con los actuales basta para darnos cuenta que los cambios a los diseños de los planes de estudio no resultan en cambios notables en la enseñanza y la pedagogía. Si queremos contribuir a un cambio dentro de las escuelas, necesitamos enfocarnos en el actor principal de la educación: el docente.

¿Quién enseña?

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M. Adamou Amani, de 41 años de edad y docente desde el año 2000, durante una clase en una escuela primaria de la región de Maradi, en Niger. Crédito: Tagaza Djibo/UNESCO

‘Ningún sistema de educación es mejor que sus docentes’ ya es una frase común. La definición de una política integral para el sector docente es sin duda el desafío principal de las políticas educativas. Algunos de los componentes que se deben incluir en dichas políticas son: mejores condiciones de trabajo; una reforma sustancial de la formación inicial y continua; y una mejor comprensión de la definición de una carrera docente.

En lo que refiere a las condiciones de trabajo, un punto clave es el salario. En este sentido, es indispensable alcanzar un acuerdo de mediano a largo plazo con los sindicatos de docentes. De tal manera, las huelgas no serían el medio usual para resolver conflictos.

La formación de docentes requiere cambios significativos, incluyendo: políticas que atraigan a gente joven y talentosa; la acreditación de Institutos de Formación Docente; asegurar que los primeros años de servicio sean parte del proceso de formación; le diversificación de la formación continua; y desarrollar una política activa para la formación de los formadores de docentes.

Es urgente avanzar con la definición de la carrera docente en la escuela primaria y en la escuela secundaria; dicha definición debe permitir que un docente pueda continuar su trabajo mientras avanza su carrera, en lugar de la situación actual, donde la única opción para mejorar su posición es adoptar una posición administrativa.

¿Cómo se enseña?

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Niñas en una clase en Afganistán.

Por último, es crucial modificar los métodos de enseñanza y aprendizaje para capacitar a la gente para un mundo muy exigente, tanto del punto de vista del desempeño en el mercado laboral como del punto de vista del desarrollo cívico y personal. Preparar a la gente para un aprendizaje continuo a lo largo de la vida requiere innovación en las estrategias pedagógicas, por ejemplo la promoción de principios que adhieran a la construcción de sociedades más justas. Además de remplazar los métodos tradicionales, estas estrategias deben ir más allá de la trivialización de los enfoques de la pedagogía supuestamente modernos que no alcanzan resultados de aprendizaje satisfactorios, y en particular para los sectores sociales más vulnérables.

Todos los cambios evocados se relacionan con todos los líderes sociales y políticos. Todos los actores deben asumir su responsabilidad: el gobierno, la familia, los medios de comunicación y las organizaciones no gubernamentales. Si no nos ponemos de acuerdo sobre la educación que queremos para nuestros niños, es difícil pretender construir una sociedad en la que podamos vivir juntos.

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Acerca de Informe GEM

Blog en español del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo
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