Meta 4.b – Lo que está en juego para el seguimiento del progreso en relación con las becas

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4.b De aquí a 2020, aumentar considerablemente a nivel mundial el número de becas disponibles para los países en desarrollo, en particular los países menos adelantados, los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países africanos, a fin de que sus estudiantes puedan matricularse en programas de enseñanza superior, incluidos programas de formación profesional y programas técnicos, científicos, de ingeniería y de tecnología de la información y las comunicaciones, de países desarrollados y otros países en desarrollo.

4.b SP Todavía no se ha establecido un mecanismo para el seguimiento del número de becas disponibles, y el indicador global propuesto, que se centra en la ayuda para las becas, da una imagen muy parcial del volumen y de la naturaleza de este tipo de becas.

El origen de la meta sobre las becas se remonta a un compromiso asumido en el Programa de Acción de Estambul para los Países Menos Desarrollados para el decenio 2011-2020. Sin embargo, la meta concuerda poco con dos de los principios fundamentales de la agenda del desarrollo sostenible: la universalidad y la equidad.

Por otra parte, inclusive la redacción de la meta queda corta en relación con varios aspectos prácticos. Por ejemplo, al afirmar que se debe aumentar el número de “becas disponibles para los países en desarrollo”, la meta excluye grandes programas coordinados por los países en desarrollo para financiar los estudios en el extranjero de sus propios ciudadanos. Y al declarar que la matriculación debe llevarse a cabo en “países desarrollados y otros países en desarrollo” excluye los casos en que los donantes financian a los ciudadanos de un país en desarrollo para estudiar en casa.

Es cierto que los gobiernos no son los únicos proveedores de becas. Sin embargo, sería inapropiado que los proveedores no estatales, tales como corporaciones, fundaciones o filántropos, fueran los responsables de la consecución de la meta. Estos donantes no están obligados a “aumentar considerablemente” la provisión de becas para los estudiantes en los “países en desarrollo”.

Para que esta meta tome impulso, es importante garantizar el seguimiento de una amplia gama de programas de becas, ya que su disponibilidad puede influir en las políticas de los países donantes. Pero no hay que tomar en cuenta todos los programas de becas en la medición de la meta. Para tener mayor claridad, el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (Informe GEM) 2016 propone que solo se cuenten las becas que (i) se relacionen con estudios en países distintos de los países de origen de los estudiantes y (ii) estén al menos parcialmente financiadas con fondos públicos.

El Informe GEM le encargó al Instituto de Educación Internacional estimar el número de becas que se proporcionaban según esta definición. La investigación mostró que se ofrecieron unas 22.500 becas en 2015, equivalente al 1% de los estudiantes móviles de los países en desarrollo. Pero también destacó que todavía no existe un mecanismo sistemático de recopilación de datos.

iso-instagramPor lo tanto, es esencial desarrollar un mecanismo mundial para recopilar datos sobre el número de beneficiarios de becas, su país de origen y sus campos de estudio.

La información adicional que se recopile debe incluir la duración de la beca; el número de beneficiarios de becas que completan sus estudios; y el número de beneficiarios de becas que regresan a su país de origen. También se necesita información detallada por sexo, nivel de estudios, modalidad de estudio (por ejemplo, presencial o a distancia) y país de estudio.

Los programas de becas deben compartir información que nos ayude a entender cómo contribuyen a la meta. La tarea de garantizar que se utilicen normas estandarizadas se le debe confiar a un organismo de coordinación.

En vista de la ausencia de un mecanismo mundial que indique el número de becas existentes, la comunidad internacional decidió que el indicador global midiera el “volumen de los flujos de asistencia oficial para el desarrollo para las becas por sector y tipo de estudio”. En 2014, US$2800 millones de ayuda se destinaron a becas y costos estudiantiles imputados. De esta cantidad, US$386 millones se destinaron a los países menos desarrollados y a los pequeños Estados insulares en desarrollo.

Sin embargo, la manera de informar sobre este gasto varía mucho de un país donante a otro. Francia y Alemania incluyen sus programas de becas públicas y los costos estudiantiles imputados (es decir, los costos indirectos de la matrícula en los países donantes) en su presupuesto de ayuda: de hecho, este tipo de gasto representa más de la mitad de la ayuda directa a la educación total. Por el contrario, el Reino Unido y los Estados Unidos son grandes proveedores de becas, pero solo registran una pequeña parte de estos programas de ayuda.

El seguimiento de esta meta en función de los flujos de ayuda, por lo tanto, no presenta una imagen válida o exhaustiva de los gastos dedicados a las becas y no es apropiado como indicador global. Los esfuerzos se deben centrar en la medición directa del número de becas que se ofrecen: la fecha límite de 2020 significa que no hay tiempo que perder.

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Acerca de Informe GEM

Blog en español del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo
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