
Hasta hace poco, los sistemas educativos se centraban casi en su totalidad en la medición del acceso a la escuela y la finalización de la misma, en lugar de lo que los estudiantes aprendían de su experiencia escolar. Desde el año 2000 se ha producido un pronunciado cambio en la medición de los resultados de aprendizaje; cada vez hay más países que evalúan el aprendizaje de los estudiantes con evaluaciones nacionales, regionales e internacionales.
La conveniencia y viabilidad de desarrollar medidas comparables de los resultados de aprendizaje se ha convertido en un tema global, debatido vigorosamente entre los analistas de las políticas, los donantes y los investigadores. Los retos de usar una métrica global para mejorar el aprendizaje también se abordarán en un simposio de dos días que se llevará a cabo esta semana, patrocinado por la Sociedad de la Educación Comparada e Internacional (CIES, por sus siglas en inglés; basada en los Estados Unidos) y titulado: “La posibilidad y conveniencia de medir el aprendizaje a nivel mundial: perspectivas comparativas sobre la investigación, las políticas y las prácticas educativas”. El Informe GEM participará en el evento.
En esta serie de blogs se discutirán preguntas sobre el seguimiento mundial de los resultados de aprendizaje: cómo se pueden medir, y si y cómo se usa la información de las evaluaciones para habilitar el aprendizaje. Seguir leyendo

El progreso hacia la meta 4.1 será visto como una medida clave del compromiso de los gobiernos y de la comunidad internacional con los ODS.
La meta del ODS sobre el desarrollo, la atención y la educación de la primera infancia es la única para la cual se han propuesto dos indicadores globales: la tasa de participación en la educación preprimaria, y la proporción de niños que están desarrollándose según lo esperado. Esto refleja tanto un gran interés en las fundaciones del aprendizaje temprano, como en las incertidumbres sobre la viabilidad de medir los resultados del desarrollo de la primera infancia.
La meta 4.3 abarca una gama muy amplia de oportunidades para la educación. Para seguir su progreso, hay dos temas que son de particular importancia. En primer lugar, hay que empezar a recopilar información sobre los adultos que participan en programas educativos. En segundo lugar, necesitamos un entendimiento común de lo que hace asequible el acceso a la educación técnica, profesional, superior y para adultos.
Es probable que resulte difícil establecer un seguimiento mundial de las competencias para un trabajo decente, porque las definiciones de la meta son vagas. Sin embargo, si nos centramos en las competencias digitales, podemos ayudar a promover esta agenda, siempre y cuando estas medidas sean imparciales de un punto de vista cultural, sensibles a los cambios en la tecnología y que incluyan a los adultos.
Si bien se ha progresado en el seguimiento de la desigualdad educativa, la nueva agenda requiere medidas más audaces para el seguimiento de los grupos marginados y vulnerables y de las políticas que se necesitan para superar la desigualdad.
Durante demasiado tiempo, la educación ha estado ausente de las discusiones sobre la política y planificación urbana. A medida que se vaya finalizando la Nueva Agenda Urbana, los que participen en la Conferencia Habitat III deberán tomar en cuenta los beneficios de incluir la educación, la formación y el aprendizaje a lo largo de la vida en el gobierno de una ciudad, los cuales se destacan en el capítulo
La meta 4.7 vincula explícitamente la educación a la agenda de desarrollo sostenible en general e incluye el enfoque transformador de la educación en relación con otros ODS. Hace un llamado a que se integren ciertos temas clave en los contenidos curriculares, las prácticas de enseñanza y la evaluación, y a que se les dé mayor importancia en la planificación de políticas, incluso si estos objetivos representan un desafío en términos de seguimiento.
No hace falta que la educación presente su caso en relación con su poder para fomentar el crecimiento económico en las zonas urbanas. Las ciudades pueden atraer capital humano y la inversión extranjera directa al posicionarse como centros globales para la educación superior, las capacidades, el talento, el conocimiento y la innovación. Por ejemplo, la mega ciudad de Shanghái, China, que tiene acceso a más de 100.000 graduados, y en una década ha duplicado la proporción de la mano de obra que tiene estudios universitarios. Del mismo modo, según los informes, la Universidad de Stanford ha tenido un considerable impacto económico mundial: 18.000 empresas creadas por sus exalumnos están basadas en zonas urbanas en su estado natal, California.
El concepto de entornos de aprendizaje eficaces se cubre mínimamente en los indicadores propuestos – pero incluso los aspectos supuestamente mensurables de la meta representan un gran reto para las comparaciones mundiales.