Emily LeRoux-Rutledge, Profesora de Psicología Social, University of the West of England
“La educación es muy importante para las niñas, las mujeres y para todos. La educación es lo que desarrollará nuestro país, y sin educación, el país nunca saldrá adelante”, declara una voz en la radio comunitaria, en Sudán del Sur rural. Es la voz de un maestro de escuela primaria, que insta a su comunidad a enviar a sus niñas a la escuela. Sus palabras captan perfectamente una narrativa compartida socialmente que es muy importante en Sudán del Sur y en gran parte del mundo: la narrativa de la mujer educada, según la cual se anticipa que una mujer que termina la escuela obtendrá ingresos, adquirirá seguridad material para sí misma y su familia, y trabajará para el desarrollo del país.
“Cuando la niña es educada, reducirá el nivel de pobreza…” continúa, “Digamos que su hija se casa por 30 vacas, y una educada se casa por 150 vacas. Eso significa… [que la] pobreza que había en esa familia, ella la disminuyó.” ¿Ha malinterpretado el objetivo de la educación de las niñas? No necesariamente; ahora se basa en otra narrativa compartida socialmente en Sudán del Sur: la narrativa de la novia, según la cual el matrimonio se realiza a través de la entrega de vacas.

Este ejemplo resalta solo una de las formas en que las personas de Sudán del Sur están utilizando creativamente las narrativas de género tradicionales para promover el género y los objetivos de desarrollo, como la educación de las niñas. En un estudio publicado recientemente en World Development –que se basa en entrevistas cualitativas y grupos de discusión con 94 participantes de una investigación en tres comunidades rurales de Sudán del Sur, así como en horas de contenido de radio comunitaria– los resultados muestran repetidamente este tipo de uso de las narrativas tradicionales de género, junto con las modernas, para promover el género y los objetivos de desarrollo, incluyendo la educación. Seguir leyendo

Francis Silvester,





La Beca del Informe GEM, apoyada por OSF, y lanzada en 2019, tiene como objetivo fortalecer la base de evidencia sobre la educación, en particular en las economías emergentes, desarrollar la capacidad de investigación en educación, y reforzar los vínculos entre la investigación, la política y la práctica en la educación. En el primer año del programa hubo cuatro becarios, y se acaban de nombrar otros cuatro para la segunda ronda. Este blog aborda sus áreas de investigación.
